El rendimiento en su acepción actual se heredó del mundo laboral donde normas, criterios y procedimientos eran utilizados para evaluar la productividad del trabajador. En base a estos acuerdos se establecen escalas objetivas para asignar salarios y méritos. (Bruggmann, 1983)
Una traspolación de este primigenio concepto puede colocarse en el ámbito escolar, en el cual se pude concebir el rendimiento como el nivel de conocimientos, habilidades y destrezas que el alumno adquiere y desarrolla durante el proceso de enseñanza y aprendizaje.
La evaluación del anterior proceso se realiza a través de la valoración que el docente le asigna al sujeto, con criterio de racionalidad y posterior acuerdo con el mismo en torno al logro de objetivos y contenidos previamente acordados en el acto educativo y en los programas oficiales vigentes. (Trujillo, 1981)(Belloso, 1970)
Aplicando lo descrito, la Evaluación del rendimiento estudiantil en el proceso de enseñanza y aprendizaje puede concebirse como la fusión de datos (cuantitativo) e informaciones (cualitativos) para la determinación de que lo propuesto y acordado en la planificación integral se está logrando en los sujetos.
Dentro la complejidad que involucra la emisión de un juicio fundamentado en acto educativo, es importante destacar que el aspecto cualitativo despliega una posible problemática en cuanto a las trazas subjetivas que pudiesen involucrarse en el hecho, mientras que en cuanto a lo cuantitativo éste es de fácil obtención pues no implica ningún tipo de categorización si no de cálculo e interpretación del dato arrojado. Más oportunamente será desarrollado este aspecto.

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